Acerca de Inicia, el bullying y la calidad en educación


El documento, publicado este miércoles 2 de junio en La Nación, fue elaborado por Miguel Ángel Rivera, director Centro de Innovación y Tecnología (CIT) Universidad Central de Chile.

Inicia y Simce no son exámenes que miden calidad de la educación. Aportan información sobre contenidos en una asignatura, pero la calidad de la educación es muchísimo más amplia que eso.

Se han publicado varias noticias tanto de la violencia escolar como sobre los malos resultados en la prueba Inicia para estudiantes de últimos años de Pedagogía. Como resultado, los ojos críticos se vuelven hacia los docentes. Se hace una ecuación muy simple para explicar estos hechos y encontrar las soluciones. Los datos que se consideran como factores son: los malos resultados, bajos puntajes en algún subsector de aprendizaje (o en todos) y violencia escolar en escalada. La conclusión: hay que hacer más horas de matemática (o todas las asignaturas), perfeccionamiento a profesores para que aprendan más, mayores exigencias a los estudiantes de pedagogía y más reglamentos para evitar la violencia (incluyendo detectores de metal). Si se es suficientemente autocrítico, en definitiva, se trata de más de lo mismo de lo que se ha venido ensayando durante, por lo menos, 20 años.

El problema de la calidad de la educación, que está como telón de fondo de estos signos que la ciudadanía observa a diario, es muchísimo más complejo que la simple ecuación descrita. Es necesario profundizar en el análisis. Establecer cuáles son los componentes, los factores, que explican los malos resultados. No es tan simple de expresar: son malos profesores, son malos puntajes PSU y son malos los programas, entre otros.

La prueba Inicia y la prueba Simce no son exámenes que miden la calidad de la educación. Es cierto que aportan información sobre algunos contenidos en una asignatura, pero la calidad de la educación es muchísimo más amplia que eso. ¿No será hora de pensar en otras direcciones, de indagar más a fondo sobre el por qué no tenemos mejor educación?

Creo que es necesario considerar seriamente otros factores en juego que son tanto o más decisivos a la hora de intervenir para mejorar la educación. Me refiero, por ejemplo, a la importancia de integrar desde los primeros años escolares, metodologías para desarrollar competencias genéricas que se traduzcan en que los alumnos aprenden a trabajar colaborativamente, refuerzan su autoestima a través de aprender a expresar en grupos de pares sus puntos de vista, defender ideas, planificar acciones comunes, aprender a comunicar en forma efectiva, aprender a tomar control de sus acciones y focalizarse hacia su propio aprendizaje en forma autónoma, etcétera.

La calidad de la educación no se mide sólo por los puntajes obtenidos en una prueba de rendimiento académico de una asignatura o subsector de aprendizaje. Lo que se requiere es formar integralmente a nuestros niños y jóvenes. Esto significa intervención directa y permanente del profesor con sus alumnos para formar actitudes, aprender a relacionarse, aprender a comunicarse con sus compañeros para realizar trabajos en conjunto que les permitan una interrelación colaborativa de aprendizaje, aprender a comprender sus emociones y manifestar afectos, en fin, se requiere de profesores absolutamente comprometidos con estos procesos, pero también con las herramientas y medios necesarios para que ello ocurra.

Entonces, nuestras preguntas deben centrarse en si los docentes están preparados para ejercer un rol de gestionador de un grupo de alumnos, de creador de un clima emocional y social que haga posible la colaboración en torno al aprendizaje y la formación personal de éstos.

Estamos, a mi juicio, ante un vacío muy importante que afecta a nuestro sistema educacional público, especialmente en momentos en que se discuten propuestas para el mejoramiento de la calidad educativa. Pero estos temas no se abordan.

En otras palabras, se trata de desarrollar metodologías para la creación de climas de aprendizaje colaborativo, para poner en el centro de la acción pedagógica el desarrollo personal de los alumnos que les permita aprender en equipos potentes, gestionar autónomamente sus formas de aprender, saber entenderse con los otros para cultivar el conocimiento de todos.

Conseguir estas acciones en forma sistemática nos ubicará en otro espacio, donde se une lo formativo con las capacidades de rendimiento académico, pero también donde los alumnos se van haciendo más personas.